El color del tránsito — Perros bermejos, pureza y desgaste espiritual
El bermejo no es solo un color: es una llama antigua. En la piel del xolo, ese rojo recuerda la sangre del sol al caer y el polvo sagrado de los caminos que conducen al descanso.
Rojo de tránsito, rojo de promesa
Los perros bermejos cargan el fulgor del sacrificio y la promesa de la purificación. Su marcha es una llama que consume lo impuro, un gesto de fuego que desviste al alma para que atraviese ligera el umbral.
Dicen que el rojo guarda el cansancio del espíritu: una tinta cálida que se vuelve clara cuando el viaje termina.
Desgaste y renacimiento
Cada cruce deja una hebra de color en el camino. El perro bermejo lleva consigo el desgaste de tantas almas, y aun así su figura se mantiene pura, como si el fuego que lo tiñe fuera también un abrazo.
En la última orilla, el rojo se vuelve humo. Allí el tránsito encuentra descanso: el alma se despinta de dolor y el xolo, guardián de la pureza, regresa a la noche con su manto de brasas.